Esperanza
A esta Esperanza, la encontraron dentro de una bolsa en un contenedor de basura. Se pasó toda una noche aullando, oyéndola los vecinos y por la mañana, al ya no escucharla, pensaron que por fin había muerto. Los que fueron a rescatarla, encontraron a la galguita fría y rígida. Ella abrió los ojos y les miró en su agonía.
Los que la arrojaron al contenedor, son gentuza, pero los que la oyeron aullar toda la noche sin prestarle ayuda, no son mejores personas.
Al parecer, por sus heridas, fue atropellada y arrastrada por un coche. Tenía la segunda vértebra rota. Fue operada y durante meses hemos visto su evolución.
Este es uno de tantísimos casos que vemos todos los días y que los galgueros se empeñan en decir que son excepciones. Demasiadas excepciones que encontramos a diario.
Lo bueno de esto, es que la pobre Esperanza va recuperándose poco a poco. Hemos ido viendo como comenzó a dar sus primeros inseguros y titubeantes pasos, para llegar, gracias a los cuidados y dedicación de quienes se preocupan por ella como nunca antes nadie se preocupó, hasta llegar a atreverse a echar una carrerilla.
Esto es muy emocionante y nos alegramos inmensamente por ella.
La otra Esperanza, no se puede comparar con la primera. No me produce ternura. No posee la nobleza de un galgo. No es una criatura inocente y digna de cariño. Le importa una mierda el maltrato a los animales.
¡Adiós, Esperanza!



















