Thierry Mugler fue uno de los diseñadores más creativos, imaginativos y fascinantes que poblaron el mundo de la moda en los años 80 y 90. Seguramente, el más imaginativo de esa época. Eran tan inconfundibles sus trajes de chaqueta, como los vestidos cargados de bordados de cuentas y cristales. Sus trajes de amazona o los que se inspiraban en exoesqueletos de insectos, en negro o en colores metalizados. Algunos modelos, son como sofisticadisimas hormigas. O los corsés metálicos. Y también son inconfundibles y únicas, las siluetas de cinturas estrechisimas y caderas marcadas de sus modelos.
Sus mujeres, no son de esta época, son del futuro y posiblemente, tampoco de este mundo. Las mujeres de Mugler, son poderosas y victoriosas. También, posiblemente, peligrosas. Nunca vulnerables. Son heroínas. A mí, siempre me dejaba con la boca abierta ver vídeos o fotos de sus desfiles. Y podías ver desfilando para él, a Daryl Hannah, Patty Hearst, Tipi Hedren, Diana Ross, Rossy de Palma, Carmen dell'Orefice o Celia Cruz. Y Jerry Hall, nunca ha resultado tan fascinante, como desfilando para Mugler. En la actualidad, es popular por sus perfumes y por haber vestido a Beyoncé y Lady Gaga.
Si hay un modelo icónico de Thierry Mugler, ese es el vestido Chimere, del desfile de alta costura de otoño invierno de 1997/98. Simplemente, impresionante.
La modelo, debajo de todas esas plumas, piedras, lentillas
y maquillaje, era Adriana Sklenarikova
Y visto de cerca, es aún más impactante, si esto es posible.
Si esto no e creatividad, no sé el que puede serlo.























































